Sobreviviendo la marcha incansable del tiempo, nos ha llegado desde pasados siglos la magestuosa y a vecs temida imagen del Vampiro. Ser de fascinacion, si se le ama sin mesura; ser de tinieblas si se ama a sí mismo. Hemos decidido por tanto amarle a él en ves de temerle, y a través del conocimiento imaginaremos que otros dejarán de temerle.
El origen del tèrmino:
La palabra vampiro tiene origen en el término "vampire" del inglés y francés, proveniente a su vez del término vampir en lenguas eslavas y del alemán. El cual se deriva del polaco wampir y éste a su vez del eslavo arcaico oper, del cual existen raíces indoeuropeas paralelas en el turco y el persa. Significa a la vez: "ser volador", "beber o chupar" y "lobo".
El origen del mito:
El principal motor que originó el mito (y miedo) del vampiro fue la ignorancia de la mente humana. El siglos pasados, donde se buscaba a ciegas un como y un porquè a cerca de cosas incomprensibles para el hombre se le diò nombres a la sombras que les seguìa, a la muerte de animales desangrados y a la desparicion de cadaveres putrefactos. Hoy podemos encontar mil respuestas empiricamente comprobables, pero estamos en el siglo XVII, y la gente le temía a todo lo que no comprendía.
Sumémos, pues, los casos de porfiria, las pestes, el cristianismo, las deficiencias mentales... todo ellos un cóctel delicioso para el nacimiento de su magestad el Vampiro.
Cuentan las leyendas que sólo se puede acabar con un vampiro enterrando una estaca en su corazón, otras con la luz del sol. Lo cierto es que el folclor popular nos ha llenado la mente ( y el cine) de vampiros inmortales, infalibles en una noche oscura de niebla y luna tierna.

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